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Josefa Segovia ¿Qué fue atrayente para mi de la IT? |
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La verdad es que no se como empezar, es una pregunta difícil de contestar. Si os parece os cuento un poco mi vida, aunque seguro que ya conoceréis algo de ella. Mi nombre es María Josefa Segovia Morón, Pepita, y nací en Jaén el 10 de octubre de 1891. Mis padres, Manuel Segovia y Dolores Morón, me criaron junto a mis hermanos en un ambiente hogareño, cálido y sencillo. Estudié en el colegio de las Siervas de María hasta los 13 años. Mi padre no quería que fuese religiosa, así que me llevó a Granada con los abuelos de mi madre y allí comencé mis estudios de Magisterio. |
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Pero Granada, no solo fue estudio: me interesé por la cultura, el teatro, los toros, los conciertos, la vida universitaria, mis visitas a la Virgen de las Angustias y, mi primer amor, Manuel Bravo Palacios, estudiante de medicina. Mi vida continuó con los estudios en Madrid en la Escuela Superior de Magisterio, donde entré en el cuarto puesto. Aquí viví dos años con unos primos de mi madre, las amistades, el estudio y las visitas mensuales de Manolo. Realicé las prácticas de la Escuela Superior en Jaén con el fin de obtener el título. Y fue entonces cuando oí en Jaén el nombre de un sacerdote joven, Don Pedro Poveda, un hombre que fundaba Academias Teresianas y que iba a poner en marcha una de ellas en Jaén. Mi sorpresa fue grande cuando ese sacerdote se presentó en mi casa y le pidió a mis padres que me dejara ser la Directora de esa Academia, ¡Yo, Directora, y para formar a mujeres! Como diríais vosotros, ¡que pasada! Pero mi padre y mi madre no querían que yo estuviera al frente de una Academia con tanta responsabilidad y estando en boca de todos. Don Pedro no se rindió. Un día y otro día, a la hora de comer, llegaban a casa los folletos escritos por Poveda, sus Proyectos Pedagógicos, los números del Boletín de las Academias, y al final, consiguió que mis padres cedieran. Fui Inspectora en Jaén durante 8 años, en 1917 formé parte del organismo directivo de la Institución Teresiana y en 1919 me nombraron Directora General, cargo que ocupé hasta el día de mi muerte. Pero basta de tanta historia, pienso que no es tan relevante, seguro que alguno de vosotros tendréis historias más interesantes. Mejor os contaré otras cosas desde el corazón. En mi vida hubo momentos muy duros. Estuve a punto de abandonarlo todo y así se lo dije a Pedro Poveda, pero él solo me dijo: “Esta bien. La Obra es de Dios”, ni siquiera me miró, me fui a la capilla, lloré y me puse frente a Dios, el me dio la serenidad y la audacia para continuar, porque para Dios nada es imposible. Otro de los momentos duros de mi vida fue la muerte de Poveda. Fueron 23 años trabajando juntos. Compartimos los asuntos mas graves y más livianos; meditábamos, leíamos, … , una vida larga y fatigosa de organización y de pruebas, de gozos y dolores muy amargos.
Por circunstancias que ya no pueden
modificarse, no habrá nadie que haya tenido el contacto que yo con Pedro
Poveda. Me tocó dar vida al pensamiento en una sociedad espantosa, una
etapa de mantener viva la memoria en la Institución, en la Iglesia, en la
sociedad. Los que me conocieron decían que yo tenía una enorme capacidad de comunicación, porque la doctrina venía de Pedro Poveda y el testimonio de mí, y por eso me decidí a vivir esta vocación y misión. Poveda me decía muchas veces: “En ti está encarnado el Espíritu de la Institución”, no se si sería verdad, lo que si pienso es que el carisma no es una teoría, sino que éste, tiene que animar desde dentro la realidad de las personas llamadas a esta vocación. Fui formada por Poveda en la confianza y la comunicación, en la disponibilidad y en la libertad, en la capacidad de asumir lo que viene de otro y en la de dar iniciativas, pero también fui yo misma, con mis ideas y sentimientos, gustos y emociones, perfeccionándome a lo largo de mi vida. Dicen que primero pasaba las ideas por el corazón, para abrir posibilidades, proponer metas y sugerir medios.Pero también tengo algunos defectos, como todos; hablo fuerte y me dejo llevar por la ira, ¿será ira santa?, solo Dios lo sabe. La fe, es el don que más estimé a lo largo de mi vida, que ahora aprecio mejor y también que, según creo, va en aumento a medida que tengo más años. No podría explicaros lo que la fe es en mi alma, pero si pido para que también la estiméis como yo. A lo largo de mi vida como Directora intenté presidir encuentros, asistir a Congresos, orientar actividades culturales, asistir a Asambleas ACIT, …, en fin, vivir la vida de esta nuestra Institución. Como veis hablo mucho. Para finalizar os digo, que nuestra vida, ha de ser vida de acción, porque así lo quiso el Señor y así lo inspiró a Nuestro Padre. Caben pues en nuestra amadísima Obra todos los que se sientan con ansia de apostolado. Todos los que con alma de fuego quieran consumirse trabajando por el bien de sus hermanos. Que hermosa es nuestra acción y que precioso y atrayente nuestro apostolado! Además, nuestra Obra es tan abierta, flexible y universal, que en ella y por ella se llega a todos los sectores sociales. Pero esta acción nuestra ha de estar informada por la oración, ya sabéis, que la oración es nuestra única fuerza. ¡Gracias, oh, Dios mío amorosísimo, por esta fe tan fuerte, tan robusta, tan luminosa, tan potente, con la que has querido enriquecer mi alma!... Y con la que quiero que enriquezcas a todos vosotros. Que representéis lo más dignamente que podáis a esta Obra. Que sintáis en todo momento la responsabilidad que entraña esta representación, que entre tantas personas y en esta sociedad, os ha tocado vivir, ya que se formarán una idea de lo que es la Institución Teresiana a través de vuestro testimonio. Lo atrayente de la Institución está en todos vosotros y todas vosotras, pasarlo todo por el corazón, haced oración, dejarlo todo en manos de Jesús y de María. Fiat.
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